Los
primitivos habitantes de Irlanda, isla rodeada por el océano Atlántico
y el mar de Irlanda, que la separa de Inglaterra, fueron los pictos, dominados
luego por los celtas. Estos fornidos invasores lograron imponerse y formaron
pequeños reinos. Por acción de esforzados misioneros se convirtieron
al cristianismo y muchos de ellos se consagraron a evangelizar a los paganos.
Irlanda soportó muchas invasiones a lo largo de su historia, y los irlandeses
debieron defender con bravura sus tierras. Pueblo guerrero y de hábitos
sencillos, su indumentaria era también simple: chaqueta y gorra de lana
o de cuero en los crudos inviernos, pantalón de lana que cubría
toda la pierna. Sabían trabajar muy bien los metales, con los que fabricaban
sus armas. Hachas, espadas, etcétera. La vestimenta femenina también
era muy sencilla: túnicas de lana ceñidas a la cintura con cinturones
de cuero.